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La motivación es una herramienta que ayuda a las empresas a mejorar su productividad sin necesidad de gastar grandes cantidades de dinero.
Por Claudia Seresini, Selectora de SESA Select.
Alcanzar los objetivos planteados en la estrategia anual es fundamental para cualquier compañía ya que de estos resultados se desprenden decisiones de todo tipo. Frente a la presión que esto significa para los empleados, hay diversas formas de ayudarlos a que avancen en las metas sin “morir en el intento”.
La motivación es una herramienta que ayuda a las empresas a mejorar su productividad sin necesidad de gastar grandes cantidades de dinero.
Generar certidumbre en los empleados es clave para el buen funcionamiento de la compañía, para lograrlo es necesario ser claro, preocuparse por sus funciones y apostar a la capacitación. No se trata de darles palmaditas en la espalda, sino de hacerlos conscientes del impacto que tiene su desempeño en la compañía.
Estas son algunas consideraciones para lograr ser un buen motivador:
• Creerse y sentirse en el rol de líder: para que los demás lo vean y lo sigan como líder debe ser usted el que primero debe verse y sentirse como el gran líder que quiere ser.
• Correcta utilización del lenguaje: el líder debe utilizar un lenguaje claro y sencillo para poder adaptarlo a la persona con la que dialoga y ser preciso en lo que pide y espera de la otra persona. El uso correcto del lenguaje permitirá que la comunicación dentro de la organización fluya como algo natural y resulte un medio para vincularse los unos con los otros y no una traba como sucede en ocasiones.
• Saber escuchar: para motivar hay que saber escuchar al otro para conocer su escala de valores, sus metas y objetivos a corto y largo plazo. Este punto es central si tenemos en cuenta que la motivación es siempre individual ya que lo que motiva a una persona puede que no sea lo que motiva a otra.
• Empatía: la empatía tiene que ver con la posibilidad de ponerse en el lugar del otro pero sin abandonar el propio lugar. De esta manera, la persona se sentirá contenida y acompañada en el proceso.
• Dar el ejemplo: el motivador debe ser el primero en dar el ejemplo y en poner en acción los objetivos a alcanzar. Enseñar pone al líder en un lugar privilegiado a la hora de motivar.
• Trabajar desde el compromiso del otro: de nada sirve imponer un compromiso con el que pocos se sienten a gusto. Indagar en el compromiso del otro permite trabajar en su desarrollo e ir aumentando paulatinamente las metas hasta transformarlos en objetivos desafiantes.
• Incorporar a la persona como un “ser emotivo”: este aspecto es fundamental teniendo en cuenta que en la mayoría de las organizaciones el trabajador suele es un número de legajo. El ser humano es un ser emocional y actúa de acuerdo a su estado de ánimo. Para fomentar esto, el líder deberá preguntarle al trabajador cómo se siente, cómo se encuentra su familia, hijos, etc. Interesarse en aquello que al trabajador le interesa permitirá al motivador conocer el sistema emotivo para saber el momento adecuado para incorporarle al trabajador las acciones concretas que debe tomar de manera inmediata.
• Participación en el proceso: en la medida en que se pueda, es muy favorable permitirle al otro sentirse parte del proceso facilitándole medios para aportar sus ideas, iniciativas y creatividad. Se trata de invitarlos a pensar, a que puedan generar nuevas formas de incrementar sus propios recursos.
• Elogiar actitudes y desempeños pero no a las personas: de esta manera quien reciba dicha mención se sentirá estimulado a seguir haciendo uso de aquellas actitudes y acciones que le han permitido ser reconocido ante los demás; reforzando aún más sus motivos para seguir desempañándose en dichos estándares al tiempo que el motivador evitará malos entendidos de favoritismo que pueden impactar en el resto negativamente.
En conclusión, la motivación es una semilla que crece dentro de cada uno, el secreto es saber cultivarla.
Publicado en Zona Jobs
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